Si tuviera que señalar que es lo que más me irrita del gobierno de Gabriel Boric, apuntaría a la jerga ladina que utiliza para engañar a los
chilenos de bajo nivel cultural, que hoy son una bien plantada minoría estimable en 30%. Voy a citar un ejemplo notorio que muestra esa falacia idiomática: el gobierno anuncia, como
un logro, que en 2024 la economía creció en 2,5% en un ambiente internacional muy difícil y que eso representaba un éxito frente a las predicciones.
Detrás de esa afirmación se esconde la falacia de que es el PIB (Producto Interno Bruto) el que mide el aumento del bienestar popular. Como
deberíamos saber todos, el PIB es la valorización en dólares de la totalidad de bienes y servicios que una nación produce en un año. Pero ocurre que no es el PIB el que mide el bienestar si
no que es el IPC (ingreso per cápita) o sea la parte del PIB que corresponde a cada individuo. Para ejemplificarlo mejor, es la división del PIB por el numero de habitantes del país.
Si un país crece económicamente al 2.5% pero en un año en que su población aumento en 2.5 % por aumentos de los nacidos y de los inmigrantes en realidad el país no ha avanzado nada. Y ese
es un argumento demoledor para los gobiernos del estallido en adelante porque en ese lapso el número de extranjeros llegados a Chile ha superado el 12% de la población nativa de modo que en ese
porcentaje debería disminuirse todo el crecimiento económico logrado en igual lapso.
Pero la cosa es todavía peor porque ¿Cuánto remesan mensualmente al extranjero los más de dos millones de inmigrantes admitidos en ese
período? Es indudable y todos lo podemos ver, que el inmigrante remesa todo lo que puede a sus familiares en sus países de origen y eso lo hace inmediatamente después de lo que ha producido
en el mes anterior, de modo que esa suma también debe restarse de el PIB de que tanto se enorgullece el gobierno.
Ese cálculo de las remesas no solo es necesario que sea conocido por la ciudadanía, sino que también muestra la ambigüedad en nuestras relaciones
exteriores. Según las noticias públicas Chile tiene virtualmente suspendidas sus relaciones con el gobierno ignominioso de Venezuela y hace el amago de castigarlo hasta con acusaciones en
tribunales internacionales. Pero no hace nada por controlar las remesas que los venezolanos envían a su país mensualmente y que, ciertamente, son oxígeno para ese gobierno criminal, además
de ser el mayor desembolso que experimenta Chile por tal concepto. Si Chile, en verdad, pretendiera responder a la agresión demográfica venezolana, lo primero que haría sería prohibir las
transferencias desde nuestro país a ese.
Además de tener que restar esa cifra, hay que restar todo el mayor endeudamiento público porque no se puede llamar crecimiento a lo que se logra
agregar con mayor endeudamiento. Si al PIB le restamos las tres cantidades señaladas, veremos toda la hondura del daño económico que le ha causado el gobierno de Boric a nuestro querido
país.
Debo reconocer que, como el ingenio de los políticos torcidos no tiene límites, junto a estas triquiñuelas contables para engañar a los incautos han
puesto en escena a esos extraños profesionales que se especializan en tapar el sol con un dedo. O sea, me refiero, en nuestro caso, al Marcel de turno que en realidad es un maestro en eso
de sacar cifras positivas para esconder un desastre económico de las proporciones del nuestro. Pero como hasta él le cuesta encubrir la realidad, no solo tiene que recurrir a las
triquiñuelas matemáticas, si no que a veces tiene que simplemente falsearlas. Para los gobiernos de extrema izquierda el ministro de Hacienda de tipo Marcel es imprescindible porque siempre
terminan sus gestiones en un desastre económico y necesitan imperativamente que los bobos que no saben sumar sigan aplaudiéndolos a pesar de su propia decadencia material. Recordemos que, a
fines del gobierno de Allende, se popularizo el dicho “este es un gobierno de M…, pero es nuestro gobierno”. Ese expresivo refrán popular es el que hoy día repiten, con mejor lenguaje, los
estrategas políticos del Frente Amplio y del Partido Comunista que no pueden ignorar el desastre Boric que han sustentado. Saben que tendrán que pagar un alto precio durante años por el
pecado de haber sido gestores de este gobierno en momentos que Chile sepa aquilatar el terrible costo que ha pagado durante esta gestión.
En todo caso, quienes nos acordamos de las matemáticas y no nos engañan las triquiñuelas, tenemos el instinto estético suficiente para mirar a estos
tapadores del sol con un dedo con la admiración profesional con que observamos a un buen equilibrista en un circo y tal es lo que nos ocurre con el ministro Marcel, que ha tenido la enorme
habilidad de sostener a todo un gobierno con su malabarismo ilustrado. A mí, personalmente, me gustaría verlo en una función más positiva porque condiciones para ser un éxito no es las que
le faltan.
Orlando Sáenz