Ansiedad la peor consejera

Conozco poco a Evelyn Matthei y algo más conocí a su padre, pero me basto eso para ponderar y admirar sus dotes intelectuales y su gran capacidad de trabajo y de liderazgo.  En mi concepto, Evelyn Matthei tiene todas las cualidades para ser una gran mandataria, de modo que me ha inquietado el profundo declive de su candidatura que, según las últimas medidas de opinión pública, mira desde lejos a quienes lideran hoy la carrera por La Moneda.  Naturalmente esa tan profunda como súbita caída invita a indagar sus causas y es allí donde me he consternado al comprobar que se debe mucho más a los errores propios que a las circunstancias políticas que por tantos meses la hicieron verse como la más probable triunfadora en los comicios presidenciales de noviembre.

 

Yo creo que, aparte del desgaste propio de una campaña tan prolongada como la que inició Evelyn Matthei hace casi dos años, su caída actual obedece a un grueso error de interpretación del clima político nacional previo a la próxima elección.  No se puede enfocar esta campaña presidencial como si fuera una más en la serie de alternancia que caracterizan a los periodos anteriores desde el tiempo de la Concertación.   Hoy el país esta profundamente dividido entre dos interpretaciones de nuestra actual realidad: una amplia mayoría esta verdaderamente alarmada por el estado del país y lo único que percibe con claridad es que, si el próximo mandatario no comparte esa alarma, su gestión no va a ser lo que se espera de ella o él, ni va a ser lo que levante al país de su profunda postración.  Junto a esta hay una minoría que parece incapaz de aquilatar el profundo daño que le ha causado al país, a sus instituciones y a su democracia el desastroso gobierno de Gabriel Boric.   Y ocurre que la campaña de Evelyn Matthei hasta ahora no ha sido capaz de trasmitir ese sentido de urgencia y de que las soluciones van a tener que ser drásticas, si es que se quiere que sean efectivas.  La sensación es que la candidata ofrece más de lo mismo cuando la gravedad de las crisis exige otra cosa.  Es esa imagen la que fortalece la candidatura mucho más realista y acorde con esa alarma que ofrece Jose Antonio Kast.

 

La caída en las encuestas ha ofuscado a Matthei y sus colaboradores inmediatos y, dejándose llevar por la ansiedad que produce el pánico, se han lanzado a la equivocadísima búsqueda de refuerzos en una centroizquierda que ya no existe porque la polarización de la opinión pública borró su espacio natural y que era potentísimo apenas unos años atrás.  En esas condiciones, Matthei parece orientar su campaña a obtener nuevos adictos en esa vereda de enfrente y, con ello, ha desilusionado a sus votantes naturales que son los que tiene a sus espaldas.   Al jugarse así, ha subestimado la hondura del abismo que en Chile marca la absurda y tajante separación entre derecha e izquierda.  Esa brecha, más cultural que real es tan potente que todo el centro político hoy prefiere sumarse a una candidatura comunista que acercarse a quien le podría otorgar un futuro recreando el centro de gravedad de lo que tradicionalmente ha sido el devenir político chileno. 

 

Pero lo que más urgencia necesita Evelyn Matthei es expulsar de si misma y de su comando de campaña la ansiedad en que ha caído porque es la más nefasta consejera y normalmente conduce a los peores fracasos.

 

Como triste corolario de este profundo bajón, se está poniendo en peligro el resultado de la elección parlamentaria.  La candidata debe asumir que ganar la presidencia con un parlamento adverso o siquiera en equilibrio hará estéril al próximo gobierno y eso parece comprenderlo mucho mejor la candidatura de José Antonio Kast.  De paso, ese resultado parlamentario será el anuncio de que no hay chance alguna de que pasen a segunda vuelta dos candidatos opositores y, por tanto, esa segunda elección estará mucho más marcada todavía por la polarización de la ciudadanía que será anuncio de continuos enfrentamientos sociales.  No se necesita enfatizar que, en esa situación, la recuperación del país en los próximos cuatro años no bastará para garantizar un futuro promisorio a nuestra siguiente generación.

 

Lo que los chilenos alarmados esperamos es a un líder muy consciente y muy capaz.  Consciente de que enfrentará un periodo presidencial durísimo en que el desafío será diario para sacar al país de su postración y comenzar la dura solución de problemas muy hondos y muy graves en todos los frentes de la vida pública: el frente político, el frente social, el frente económico, el frente laboral y el frente judicial, para no hablar de la corrección de una política exterior convertida en pretextos de viajes absurdos.  Ese líder que buscamos no se parece a la Matthei actual, llena de dudas y de maquilladas versiones de la realidad.  Pero esa Matthei tiene todavía abierto el ataúd en que se ha metido de manera que puede repetir el milagro de Lázaro que emergió cuando la tapa estaba puesta hacia varios días.  Es la esperanza de sus leales seguidores y también lo es de quienes la apreciamos lo suficiente como para llorar la pérdida de una vocación de poder que la ha acompañado durante toda su vida.

 

En su actual estado, se corre también el riesgo de una profunda crisis en los partidos que la acompañan porque la ciudadanía no está dispuesta a perdonar que se ponga en riesgo el futuro de Chile por las pequeñas ambiciones e intereses de los enjambres de oportunistas que rodean a estos partidos y que los apoyan normalmente porque esperan de ellos fuentes de ingresos y de posiciones.

Orlando Sáenz