¿Sabrá la ministra Siches cómo hacer cumplir la ley?

En una entrevista concedida al diario “El Mercurio” y publicada el domingo 24 de abril, la Sra. Izkia Siches, ministra del Interior, hizo una declaración realmente sorprendente: “no hemos encontrado como país un mecanismo efectivo para poder controlar la violencia”.  Es sorprendente porque el sistema para controlar la violencia interna lo descubrieron los sumerios en el Cuarto Milenio AC, lo han practicado todos los países  que han existido entre entonces y ahora, y lo utilizó Chile durante casi toda su historia republicana.  El sistema se llama estado soberano que posee el ejercicio del imperio y está dotado de los medios para controlar la violencia interna y ejercer los mecanismos dispuestos para ello  en la constitución y las leyes.  Así pues, la ministra miente al atribuirle al país una ignorancia que solo a ella afecta.


Lo otro sorprendente en su declaración es que la haga desde su investidura como Ministro del Interior, precisamente el organismo responsable de controlar la violencia interna.  Si ignoraba como hacerlo, ¿para qué aceptó un cargo cuya premisa es precisamente ese conocimiento?  


La Sra. Siches ya se ha ganado justa fama por la imprecisión de sus afirmaciones, de modo que lo mejor en este caso es presumir que lo que quiso decir es que el gobierno de que es ministra no se propone controlar la violencia interna, lo que es muy explicable porque fue generado por ella.  Ocurre, sin embargo, que ese gobierno, al constituirse hace poco más de un mes, juró solemnemente respetar y hacer respetar la constitución y las leyes y de ello depende su legitimidad.  Si nos tomáramos en serio la declaración de la Sra. Siches, tendríamos todo el derecho a sentirnos liberados de su acatamiento.


Para no ser prejuiciosos, todavía podemos ponernos en el supuesto de que la ministro se atribuyó la personalidad de todo el pueblo para querer decir que solo ella es la que ignora cómo controlar la violencia interna.  En ese caso, y con la clara intención de colaborar en la superación de esa ignorancia que es capital en el cargo que ocupa, me propongo hacerle llegar mediante esta reflexión algunas indicaciones para que rápidamente comprenda lo que es la legitima capacidad de represión que constituye la esencia de lo que es un gobierno y para que aprenda a aplicarla correctamente.  


La única forma conocida que  hace posible la vida en sociedad es el invento del estado dotado de imperio y de capacidad para imponerlo, eso fue descubierto, como ya antes afirmé, por los sumerios,  supuesto que fueron la más antigua civilización urbana que conocemos.  Fue tal el júbilo que les produjo el descubrimiento de un sistema capaz de asegurar la disciplina social que requiere la vida en sociedad para ser posible, que, en una tablilla de las más antiguas que conocemos, se consigna la monumental afirmación de que, “la monarquía bajó del cielo”.  En esa primitiva forma de expresión, quisieron decir que el invento del estado superpuesto a una sociedad humana, era tan maravilloso que solo podía provenir de la divinidad.


Tras ese descubrimiento, no ha existido nunca un estado que no estime como su principal y definitoria característica el ejercicio del imperio dotado de capacidad represiva dirigida hacia los inevitables infractores de las normas de convivencia social.  Y cuando digo que no ha existido un estado que ignore eso, me refiero incluso a los estados dominados por las tendencias de extrema izquierda que la Sra. Siches representa.  Por lo tanto, la lección de los sumerios está al alcance de la ministra con solo un muy elemental libro de historia, disciplina que parece no haber existido en su curriculum educacional.


El otro consejo es el que puede recibir de muchos de los que están en su entorno, como son los comunistas.  Ellos han llevado a la perfección la represión cuando son gobierno, claro está que más bien la han aplicado a sus detractores políticos que a los que violentan las leyes y normas de convivencias de la sociedad.  Es más, los mayores cultores de la capacidad represiva de los estados han sido países como la URSS, la China Comunista y todos los  que han sido gobernados por comunistas.  Y, si entre ellos la ministro no tiene un amigo que se preste a desasnarla, puede efectuar una corta visita a Venezuela o Nicaragua o Cuba para rápidamente aprender el manejo de esa capacidad represiva, y aún puede efectuar el viaje en un avión oficial que dada su investidura no parecería impropio.


Justamente pocos días después de la declaración que comento, el gobierno al que la Sra. Siches pertenece amenazó con reprimir a un grupo de camioneros por bloquear rutas como forma de protestar por la inseguridad en que deben desempeñar su trabajo.  El hecho de expresar esa determinación de represión contra los afectados por la violencia interna en lugar de contra los que la practican, demuestra que este gobierno sabe perfectamente como resguardar el orden público y, si no lo hace, es porque no tiene intención de cumplir el único juramento solemne que prometió al momento de investirse.  Como del cumplimiento de ese deber elemental es su razón de ser y su principal obligación, al persistir en esa actitud perderá su legitimidad como hasta la experiencia pasada de Chile lo demuestra.  Sinceramente, es de esperar que no tengamos que llegar a ese extremo para buscar la constitución de otro gobierno que si muestre disposición a comportarse como tal.  


En la misma entrevista, la ministra emitió otra opinión muy desafortunada, como es la de que el gobierno como tal, es parte y no árbitro en el proceso constitucional que vive el país.  Si tal fuera el caso, el tal gobierno incumpliría otra tarea fundamental que lo obliga, cual es la de gobernar para el total de los chilenos y no solo para una fracción de ellos que, además, parece determinada a minimizarse.  En este caso, también es mejor, por el momento, atribuir tales expresiones al descontrol verbal de la Sra. Siches.


Ella tiene que aprender varias otras cosas además de cómo se combate la violencia interna.  Y tal vez la más importante sea descubrir el valor del silencio cuando solo se tiene capacidad para expresar sandeces comprometedoras desde un altísimo cargo público que ocupa. 


Orlando Sáenz